La etiqueta en el Aikido

La práctica del Aikido nos compromete con la etiqueta que exige dicho arte marcial.

Esto nos lleva a cultivar la mente de tal manera, que aun estando en seiza (postura tradicional japonesa), ni el más valeroso y osado de los rufianes se atreverá a enfrentarse a nuestra persona.

Lo conseguiremos a través de un ejercicio constante y correcto de educación, donde pondremos en perfecto orden todas las facultades y portes de nuestro cuerpo, armonizando este consigo y con su entorno alcanzando, el dominio del espíritu en el arte marcial (Aikido).

Rafael Hernández Haro

Como ejemplo, el cuento zen “El maestro del té y el ronin”:

El señor de Tosa se dirigió a Yedo, la capital, para una visita oficial al shogun. Había llevado con él a su Maestro de cha no yu, del que se sentía muy orgulloso. El “Cha no yu” , la ceremonia del té, es un arte japonés fuertemente influenciado por el zen. Cada gesto debe ser realizado con una gran concentración. Se trata de saborear, gracias a un delicado ritual, el misterio del “aquí y ahora”.

El Maestro de té tuvo que vestirse como un samurai para poder entrar en el palacio, y por tanto debió llevar su signo distintivo, es decir, dos sables.. Varios días después de su llegada a Yedo, el especialista de cha no yu no había salido aún del palacio. Varias veces al día ejercía su arte en las habitaciones de su señor, ante la alegría de sus invitados. Incluso llego a oficiar en presencia del shogun.

Un día , el señor le dio permiso para dar una vuelta por la ciudad. El Maestro de té, siempre vestido de samurai, aprovechó esta oportunidad y se aventuró por las calles bulliciosas de Yedo… Cuando se disponía a cruzar un puente, fue empujado repentinamente por un ronin, uno de esos guerreros errantes que son o bien valerosos caballeros, o bien truhanes de marca mayor. Este tenía el aspecto de ser de la peor especie. Dijo fríamente:

– Así que eres un samurai de Tosa. No me gusta ser empujado de esa manera. Me gustaría que arreglasemos esta pequeña diferencia con el sable en la mano.

El Maestro de té, desamparado, terminó por confesar la verdad:

-No soy un verdadero samurai, a pesar de las apariencias. Solo soy un humilde especialista del cha no yu que no conoce absolutamente nada del manejo del sable.

El ronin no quiso creer su historia. Sobre todo porque su verdadera intención era sacar un poco de dinero de esta víctima cuya naturaleza poco valiente había presentido. Fue inflexible. Levantó el tono para impresionar a su interlocutor. Enseguida se formó una multitud alrededor de estos dos hombres. Aprovechando la ocasión, el ronin le amenazó con declarar públicamente que un samurai de Tosa era un cobarde, que tenía miedo de luchar.

Viendo que era imposible hacer entrar en razón al ronin y temiendo que su conducta pudiera llegar a alcanzar el honor de su señor, el Maestro de té se resignó a morir. Aceptó el combate. Pero como no quería dejarse matar pasivamente, para que no dijeran que los samurais de Tosa no sabían luchar, tuvo una idea: unos minutos antes había pasado por delante de una escuela de sable. Pensó entonces que en ella podría aprender como coger un sable y afrontar honorablemente una muerte inevitable. Explicó pues al ronin:

-Tengo que cumplir una misión que mi señor me ha encargado. Esto me puede llevar un par de horas. ¿Tendría usted la paciencia de esperarme aquí?

El ronin aceptó el plazo, respetando caballerosamente las reglas del bushido o tal vez porque imaginaba que su víctima necesitaba ese tiempo para reunir una suma de dinero disuasiva. Nuestro especialista del cha no yu fue corriendo a la escuela que había visto antes y pidió una entrevista urgente con el maestro de sable. El portero no estaba muy dispuesto a dejar entrar a ese extraño visitante que no parecía estar en su estado normal, y sobre todo, que no tenía ninguna carta de recomendación. Pero, impresionado por la expresión atormentada del hombre, decidió finalmente introducirlo y presentarle al Maestro. Este escuchó con mucho interés a su visitante que le contó su desgracia y su deseo de morir como un samurai.

-Este es un caso único -declaró el maestro de sable.

-No es el momento de bromear -replicó el visitante.

-Oh, de ninguna manera, se lo aseguro. Es usted una excepción realmente. Por lo normal, los alumnos que vienen a verme quieren aprender el manejo del sable y a vencer. Usted quiere que yo le enseñe el arte de morir… De acuerdo, pero puesto que usted es Maestro de un arte incomparable, ¿podría servirme una taza de té?.

El visitante no se hizo de rogar ya que ciertamente era para él la última ocasión de practicar su arte. Olvidando su trágico destino, preparó cuidadosamente su té, después lo sirvió con una calma sorprendente. Ejecutó cada gesto como si ninguna otra cosa fuera importante en ese instante.

El Maestro de sable le observó atentamente durante toda la ceremonia y se sintió profundamente impresionado por el grado de concentración de su visitante.

-¡Excelente -exclamó- excelente! El nivel de maestría que usted ha alcanzado practicando su arte es suficiente para conducirle dignamente delante de no importa qué samurai. Usted tiene todo lo que hace falta para morir con honor, no se preocupe. Escuche solamente algunos consejos. Cuando vea al ronin, piense ante todo que va a servir el té a un amigo. Después de haberle saludado cortésmente, déle las gracias por el plazo acordado. Doble delicadamente su capa y póngala en el suelo con el abanico encima, exactamente como hace para la ceremonia del té. Átese el pañuelo de coraje alrededor de su cabeza, recójase las mangas y anuncie a su adversario que está preparado para el combate. Desenvaine su sable y levántelo por encima de su cabeza. Cierre los ojos. Concéntrese al máximo de sus posibilidades para bajar su arma vigorosamente justo en el momento en el que oiga al ronin lanzar su grito de ataque. Apuesto que este combate será una masacre mutua.

El visitante dio las gracias al Maestro de sable por sus preciosos consejos y volvió al puente donde le esperaba el ronin. Siguiendo las instrucciones que había recibido, el especialista de cha no yu se preparó para el combate como si estuviera ofreciendo una taza de té a un invitado. Cuando levantó el sable y cerró los ojos, la cara de su adversario cambió de expresión. El ronin no creía en sus ojos.

¿Era el mismo hombre el que se encontraba frente a él?

El Maestro de té, en un estado de extrema concentración, esperaba el grito que sería la señal de su último momento, de su última acción…

Pero pasaron varios minutos que le parecieron horas y el grito no se dejaba oir. No pudiendo resistir más, nuestro improvisado samurai terminó por abrir los ojos…

¡Nadie…! ¡No había nadie frente a él!

El ronin al no saber como atacar a este temible adversario que no mostraba ningún fallo en su concentración, ni ningún temor en su actitud, retrocedió paso a paso hasta desaparecer a toda prisa, bien contento de haber podido salvar su pellejo.

Las ocho piezas del brocado

Estas prácticas de Chi Kung  transmitidas por O Sensei Tamura año tras año, nos sumergen en la búsqueda de nuestro interior a través de estos ejercicios llamados: las ocho piezas del brocado, las ocho joyas del Chi Kung o práctica del Ba Duan Jin.

Sin entrar a destacar los múltiples beneficios que nos proporcionan (hay infinidad de páginas en internet que los describen) y sin detenernos en la forma (todos en sus distintas ejecuciones pueden ser correctos siempre que se obtengan los beneficios buscados), me centro en recordar que sería muy importante dedicar tiempo diario a descubrir cómo podemos mejorar nuestra salud, nuestra atención, calma mental, respiración, conciencia hacia nuestro interior, etc… llevándonos a un estado de consciencia propia y conexión con el entorno, generando una apertura del corazón, pues en definitiva, las prácticas del Aikido nos deben llevar a ser mejores personas. 

Quizá nos dejamos llevar por saber si mi Nikkyo es más fuerte y hace más daño o si hago un Iriminage muy potente y así parecer que mi Aikido es el mejor, esto nos hará aumentar el ego y caer en el error de una práctica enfocada muy hacia lo externo, de ahí la importancia de adentrarnos en las piezas del brocado, para dirigirnos a nuestro interior donde cultivaremos un Aikido que desemboque en la compasión incondicional (meta final de este arte marcial). Podremos llamarlo ejercicios de meditación, espirituales, de energía, etc…pero para lograr un equilibrio entre lo externo y lo interno, la práctica es el único camino, de lo contrario practicaremos para ser los más rápidos, potentes, o los mejores luchadores y olvidaremos ser compasivos, armónicos, fluidos, flexibles, tolerantes, rompiendo las leyes del universo que tanto hablaba en sus escritos el fundador O Sensei Morihei Ueshiba.

Mi consejo para iniciarte en esta práctica es que intentes sacar algo de tiempo de tu apretada agenda a diario, sin excepciones, tomándolo como una rutina, sin agobios, comenzando por practicar una sola vez cada ejercicio o haciendo los que más te agraden y con los que te sientas más cómodo, poco a poco irás incorporando los demás.

Si dispones de más tiempo, puedes hacer tres repeticiones de cada ejercicio, tanto de izquierda como de derecha (tres a cada lado) hasta llegar, sin prisas, a nueve repeticiones por ejercicio. De cualquier forma y aunque pueda parecer demasiado repetitivo, lo más importante es hacerlos a diario, así encontrarás rápidamente los beneficios.

También sería muy interesante encontrar una motivación, un compendio de motivos y apuntarlos en una libreta, así lograrás el estímulo necesario para afianzarte en la práctica.

Es importante poner la atención en “sentir” cada movimiento (quiero sentir qué pasa en este ejercicio) di esto con decisión.

Tómalo como una rutina diaria (lavarse los dientes, tomar café, etc…) como un reto (hoy voy a practicar uno de los ocho ejercicios una vez) y aumentar la dificultad día a día. Debes sentirte bien ejecutándolos, que no te suponga una obligación, al contrario, que sea un gozo, un bienestar para incorporarlos a tu entrenamiento diario.

Piensa que estos ejercicios han sido estudiados durante miles de años para el desarrollo energético del cuerpo humano y que con el tiempo, han sido incorporados y son los más practicados por numerosos maestros y por las escuelas de Taichi, ChiKung, yoga, Aikido, Karate, etc…así que confía en ellos y ponte manos a la obra.

                                                                                        Rafael Hernández Haro.